viernes, 4 de febrero de 2011

EL PESCADOR

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Sentado bajo una palmera, un joven miraba a la distancia. El mar interminable llegaba en suaves olas a lamer las arenas de la playa. En el horizonte el sol caía, pareciendo que sería tragado por el mar. El disco anaranjado contrastaba con algunas nubes grises que palidecían ante la majestad del astro rey. El joven, melancólico, miraba sin ver. Oía el oleaje sin escuchar. Su mente estaba ausente. La tristeza invadía todo su ser.

Un pescador que caminaba cargando su red lo miró y sin pensarlo se dirigió al joven:

—¡Hola muchacho!, ¿admirando la puesta del sol?

El joven vio al hombre y sintió un cierto alivio, pues la soledad le estaba haciendo daño.

—Buenas viejo, en realidad no estaba prestando atención al atardecer. Mis pensamientos están ocupados en otras situaciones. Qué, ¿ya terminó el trabajo?, ¿fue buena la pesca?

—No me puedo quejar, dijo el hombre, no pasa el día sin que Dios nos dé lo que nos hace falta, en tanto que nosotros hagamos nuestra parte.

—Si, lo entiendo.... aunque a veces es difícil realizarlo..... más en estos tiempos.... no hay trabajo..... las necesidades son muchas..... las oportunidades son pocas.

—Vaya pues, realmente el desánimo te tiene atrapado. Sí es verdad que la vida se ha tornado complicada. Claro que para quienes tenemos una vida más sencilla, nos resulta un poco más fácil resolver las diarias necesidades, pero sobre todas las cosas, lo que debemos tener es fe. Fe en que Nuestro Señor no abandona a ninguno de sus hijos.

—Yo creo, continuó el pescador, que sólo estás viendo una parte del problema... cómo explicarte... mira, le dijo, en este momento estamos presenciando el final de un día, pero esto no es todo. Al caer la noche brillarán las estrellas, en noches de luna nos alumbrará también y con alivio nos daremos cuenta que aún la noche tiene un final y al amanecer veremos renacer al sol para reiniciar el ciclo. ¿Me entiendes?.... no nada más es la puesta del sol lo que vemos, también es la aurora, la plenitud del día, el atardecer y finalmente la puesta del sol; es todo un conjunto, así también es la vida..... ahora se te hace difícil.... y lo es, pero sólo es una pequeña parte de la vida misma. No te concentres únicamente en la puesta del sol, pues luego viene la obscuridad... pero si ves el conjunto, te darás cuenta que la obscuridad está relacionada con el descanso..., con la reflexión...., con la revisión de tus actos; pero que, sin que nada se oponga, llegará la aurora,.... el amanecer,... un nuevo día y nuevas oportunidades.

—Tienes razón, repuso el joven, tus palabras tienen sabiduría. En realidad estaba viendo sólo mi problema, sin darme cuenta de que aún soy joven. Todavía puedo esperar muchos amaneceres que a la vez me darán muchas ocasiones de enmendar las fallas y tendré forma de resolver mis problemas.... No se qué fue de lo que me dijiste, pero me has devuelto la confianza.

—Creo, dijo el hombre, que aunque no quieras nombrarla, te he hecho pensar en la fe.

—Bueno, dijo el joven ya de mejor talante, eso de la fe no lo creo, eso es para las viejas beatas, para los ancianos que ya no tienen más qué hacer.... No, no para mi.

El pescador lo miraba, divertido y complacido. Este joven lleno de vida, hacía unos pocos momentos era presa de la desolación por pequeños problemas; ahora, abiertos los ojos piensa que su misma juventud es lo que lo anima.

—Mira, continuó el hombre, en realidad la fe no es cuestión ni de sexo, ni de edad o condición, simplemente se tiene... Y yo sé que tú la tienes, aunque escondida por falsa vergüenza. Déjala aflorar en tu corazón y te darás cuenta de que es un gran regalo de Dios, en ella encontrarás la confianza para enfrentar cualquier cosa que te ocurra en la vida.

—Bueno, contestó el joven, es posible que tengas razón, pero, en última instancia, dime que es la fe...

—Te contestaré con las palabras de un hombre sabio y santo, que como él mismo reconoció, no hablaba por su boca pecadora, sino por inspiración del Espíritu Santo. Me estoy refiriendo a San Pablo, quien dijo que “La fe es como aferrarse a lo que se espera, es la certeza de cosas que no se pueden ver..... Por la fe creemos que las etapas de la creación fueron dispuestas por la palabra de Dios y entendemos que el mundo visible tiene su origen en lo que no se palpa”

—Vaya, te la tienes bien aprendida, comentó burlón el joven. Yo creí que esto era cosa de viejos, pero tú no lo eres.... ¿Qué más me puedes decir de la fe?

—Bueno, recuerdo algún otro fragmento.... déjame ver..... “Mediante la fe según Jesucristo, Dios reordena y hace justos a todos los que llegan a la fe..... No hay distinción de personas, pues todos pecaron y están faltos de la Gloria de Dios. Pero todos son reformados y hechos justos gratuitamente y por pura bondad, mediante la redención realizada en Cristo Jesús.... Dios lo puso como la víctima cuya sangre nos consigue el perdón, y ésto es obra de fe”.

—Como te darás cuenta, continuó el pescador ante la complacencia del joven, cuando aprendamos a tener confianza en la mano de Dios, habremos alcanzado la fe y con ella podremos resolver cualquier conflicto que se nos presente. No olvides que Cristo Jesús padeció y murió por nosotros, pero también ten presente que resucitó como lo había prometido y también fue por el gran amor que nos tiene.

—Bueno dijo el joven poniéndose en pie, ya es tarde y en casa me esperan... gracias por haberme levantado el ánimo. Realmente me hacía falta hablar con alguien que entendiera lo que me pasa y tal parece que tú lo captaste luego... Pero no me has dicho tu nombre. Me gustaría volver a platicar contigo, ¿donde te puedo encontrar?

El pescador, con una fresca sonrisa le contestó: - Llámame Amigo y siempre estoy en el templo, esperando a Mis Amigos.

—¿Eres sacerdote?

—Efectivamente, repuso, en tanto se alejaba con su red al hombro.

Sergio A. Amaya Santamaría
Acapulco, Gro.
Pascua de 1998

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